Rober
Orion De Unter 

  Todo comenzó allá por el 84, cuando cayó en mis manos una cinta en la que un energúmeno berreaba algo así: "vamos muy bien, borrachos como cubas y que" y por debajo de esos alaridos (miento, no por debajo sino al mismo nivel e incluso un pelin por encima de la voz... ¿A qué te suena perillas?) se escucharon unos sonidos brutales que resultaban ser simples instrumentos musicales. Ese fue el camino que se me aparecía y en el sigo aquellos sonidos primeros de obús, Ángeles del infierno e Iron Maiden empecé escucharlos en el poblado de Tormaleo, en Ibias (donde Orión tiene un grupísimo de incondicionales que nos han hecho muy felices este pasado verano del 2004). Estábamos la pandilla dividida en dos bandas: unos, los triunfadores, los insuperables, Mathaussen, nosotros y los otros aspirantes los Pipiolines The Sentiner (Obi, Pequeno, piñón, Balouto y Sasi eran los componentes).

 

  Ambas éramos bandas virtuales pero con mucha ilusión, nosotros éramos: Andrés a los tambores, kuki y Tino a las guitarras y yo al bajo. Eran míticos nuestros conciertos en pleibak en el puente de fondo de Villa, con nuestras Litronas calientes y nuestros instrumentos invisibles, donde eran Barón Rojo quienes ponían sonido la noche.

 

  Quisimos dar un paso más y hacernos con instrumentos reales y casi lo conseguimos. Nos hicimos con un bajo (mi eterno Aria pro que tanto empeño tienen José y PePe en que lo cambie, pero ésta Toñin para mimarle y cuidarlo) una batería (1 Honsuy de 80.000 pesetas creo recordar) una guitarra eléctrica de desguace que trajo Tino de Gijón y otra española que consiguió kuki no se de dónde.

 

  Por desgracia, ese cuarteto maldito nunca llegó a tocar ni una sola nota (de lo contrario hoy en día Orión sería un grupacho a la búsqueda de un bajista con personalidad) en diciembre del 86 ya no me aguantaba más y me decidí a ir solito a Madrid a ver por fin a mis ídolos: Iron Maiden los teloneros Wasp y aquello para mí fue el no va más. Aquel pabellón lleno de greñudos me hizo ver una realidad que desconocía, que no éramos sólo los amiguetes del pueblin los que escuchábamos esa música maldita. Mi Aria pro comenzó a sonar en febrero del 88 (un mes después de ponerse en marcha mi corazón) y ya en septiembre de ese mismo año tuvo un bautismo de oro en aquella "inolvidable" actuación de Negus en el castillo de los templarios abriendo cartel para crisol, tundra y barricada. Aquello fue lo más: Marcos, Óscar, super Manjarin (con aquel mítico "luces tranquilas") y esté pobre incautó que nunca la había visto tan gorda. Bueno los que estuvieran allí saben de lo que hablo. pocos días después se celebró en España y el primer Monster of rock con Manzano, Antrax, Hellowen, Metállica e Iron Maiden ¿Os acordáis?. Por allí andaba Pepín con su cuadrilla y (cuando aún nos conocíamos) metían verdadero miedo. Pues entre el numerosísimo publicó que acudió al castillo avia dos cazatalentos buscando un bajista, y claro, cuando vieron aquel fenómeno encima del escenario (o sea yo) de ese despliegue de facultades, esa técnica depurada, esa puesta en escena demoledora, se les abrió el cielo, no sólo podían creer, esos dos elementos eran Chori y PePe ( la semilla de los míticos Cuasar). Claro aquella actuación subió mi caché por las nubes y mis ofertas me llovian. Ellos me tentaron y yo me hice de rogar, como no podía ser de otra manera mi carrera hacia el estrellato era imparable y tenía que sopesar todas las ofertas. Después de un tira y afloja (y un montón de billetes sobre la mesa) y como no, mi extrema compasión y enorme corazón, acepté la desesperada oferta de esos dos pobres infelices; eso sí, poniendo mis condiciones innegociables que únicamente se redujeron a dos, y que siguen vigentes hoy en día. La primera: que no me agobien, que tranquilos y con calma, que los ensayos largos y frecuentes casi acaban con toda mi genialidad a lo largo de mi estancia en las filas de Aquelarre /Negus. así que me lo iba a tomar con calma, me iba a coger todas las vacaciones del calendario escolar del 89 para pasarlas junto a la que hoy es la mama de nuestra selva.

 

  La segunda condición era que no me exigirían grandes filigranas con el bajo, ya que la cuerda gorda (la del Mi ¿ no?) y yo empezábamos a conectar y a entendernos (por eso el año pasado le insistí a Toñin en que no hacía falta que me cambiara las otras tres cuerdas, que estaban nuevas que era un derroche, pero nada se empeñó el nombre. yo creo que el pobrin no pierde la ilusión de oír algún día una octava o alguna cosa rara de esas... pobre iluso...) Bueno, pues así empezó Hathor, allá nos fuimos los tres para la placa a hacerle competencia al estruendoso tren. En aquel localin se parieron las cinco canciones instrumentales más salvajes que jamás se hayan escuchado y las cuales obran en mi poder en una cinta que hoy se paga más que la primera maqueta del "Smoke on the Water". Así hicimos algunos pinitos que han hecho historia como aquella meteórica actuación en agosto del 89 en Fabero junto a los irremplazables Grisu o cuando descargamos en el mítico frontón pocas semanas antes que le hicieran "Crom". Por aquellas fechas yo tuve un pequeño coqueteo con " Hastilla" (cuando María y Manolito se juntaron para hacer aquel puñado de buenísimas canciones). La tentación fue golosa pero yo soy un hombre de palabra y Hathor podría estar tranquilo, y conmigo conocerían la gloria.

 

  También por aquellas fechas creo que fue cuando Pepín cambio su " utilitario" Rojo por la apisonadora "negrita" que todos conocéis. La verdad es que aunque no os lo creáis metía la misma escandalera con las dos, yo no sé cómo podía salir tanto ruido de aquel juguete. Después de nuestra super gira de verano el grupo decidió incluir un cuarto miembro que diera un poco el canté y nunca mejor dicho porque ese puesto lo ocupó nuestro querido "Vidalin". Pasamos a llamarnos Cuasar, la bomba termonuclear que asoló el Bierzo a principios de los 90 y que debutó en junio del 91 en Toreno encima de un andamio y que no se vino abajo.

 

  Nos decidimos a trasladar todo aquel potencial en una maqueta que grabamos en nuestro querido local del "gallinero" con Pepín a los mandos y a las baquetas a la vez. Cuando acabamos y la escuchamos tuvimos que tomar una dura decisión: nuestro entrañable Frotman, que había hecho temblar las torres de sonido con sus alaridos en nuestra gira, tenía que dejar las filas de Cuasar ya que no había dejado al grupo satisfecho (a mí no me dijeron nada por lo que deduzco que estaban contentos o no encontraban a otro mejor). Hubo que buscar a otro cantante y sobre la marcha y tras arduas negociaciones de este menda en el norte, nos trajimos a la bestia cántabra, al salvaje montañés Daven (el otro PePe). El volvió a grabar las voces en la maqueta mediante un sofisticado método a distancia que, básicamente consistía en: coger el obús en Oviedo, venir, gravar y marchar se devuelta.

 

Así siguió siendo durante la apoteósica gira que Cuasar dio en el 92, cuyo punto culminante fue la super descargas en las fiestas de la encina, y junto a Hastilla, Rsk, Reincidentes, Extremoduro, y S.A (menudo cartel ¿He?) cuando en Ponferrada había Heavy en las fiestas y a los grupos locales se les pagaba dignamente (80.000 pelas de aquéllas del 92). Cuasar dejó de alumbrar e 6 de enero de 1993, fue el último concierto de la banda, en la pista metálica de Santa María del páramo. Dejó de ser divertido y echamos el cierre. En aquel vacío surgió un interesante proyecto que no llegó a pisar un escenario pero que tuvo sus canciones gran ilusión e inocencia que nos ayudaron a pasar aquel mal trago, Pepín seguía a los tambores, yo cantaba y tocaba la guitarra (sí, habéis oído bien) y Susi se haría cargo del bajo éramos END, una sensación imposible de catalogar y "Endvidia" o "KKKlan" serían sus primeras criaturas (todo quedó flotando en una órbita muy especial y virtual). Yo colgué mi bajo definitivamente o al menos eso pensaba de aquello), Pepín se negó a soltar las baquetas y mataba  su gusano y su frustración en agotadoras y tormentosas sesiones en solitario.

 

  Pasaron los años (bueno, igual sólo fueron dos) y hallaba me yo descubriendo lo que era el mundo laboral en tierras de Valdeorras cuando, una vez más, recivi una llamada desesperada de Pepín (y otros dos colgados con los que intentaba desfogarse) para "volver a la carretera". Mi negativa fue instantánea y fulminante, pero la extrema pesadez de un personaje tremendamente cansino y el recuerdo lo que fue la base rítmica más demoledora del 89 al 93 en todo el noroeste, hicieron que abriese una mínima ventana a la esperanza. Una vez más, mi presencia en el panorama musical era vital para que la historia del rock siguiese escribiéndose con Mayúsculas. Aquel elemento brasas, infatigable, apologista del enrolle y del abrazo con alma de "hippie" y cuerpo de osó no era otro que José Ángel "el perillas" (hoy con una flamante carrera en solitario como cantautor) un elemento al que yo conocí teloneando a Muro con su grupo crisol en el 90 y que se subió al escenario en zapatillas de cuadros... ¿Creéis que yo podría tocar con un tipo con esos antecedentes? Pues acabó siendo que si, el cuarto elemento era un tío callao, educao, bajito como yo, el que a resultao más sensato y el que más me ha mimado y consentido... era Toñin, el hombrecable como el único que no se cansaba de repetirme en que clavija debía de conectar el bajo , el que me ha conseguido todo tipo de amplis y nunca me ha cobrado nada, el que arregló mi viejo (y malísimo) Ross de 50 W cuando hizo Plof (hoy anda por Infiesto con unos chavales que me recuerda mucho aquellos inolvidables Mathaussen).

 

  Bueno, pues hay volvíamos a estar Pepín y yo con esos dos abueletes que tanto nos han enseñado y que en aquel momento, nos devolvieron la ilusión. Creo que los cuatro, los incombustibles Orión, hemos coincidido en que era la primera vez que tocábamos tan a gusto, disfrutando de verdad y además haciendo una música que nos llenaba a todos. Hay seguimos, con diez temas en la carpeta esperando ser gravados para que queden para siempre, igual que quedará para siempre esa sensación de haber estado en un grupo, mi grupo, donde lo único importante era y es pasárselo bien y disfrutar.

 

  El resto de la historia de Orión ya os la conocéis. Aquí termino este "pequeño" resumen de como he llegado hasta esta banda de locos insustituibles y ahora sí puedo decir que si algún día se acaba, mi " Aria pro" dejará de sonar para siempre.